Story
Ahora sí: revisé el vídeo que adjuntaste. La historia que aparece en él no es la de Elara y Vaelthar. Es otra historia, protagonizada por Darius, Four, un grupo de aprendices, una mujer infiltrada y un lobo lunar.
Voy a respetar esa historia y sus acontecimientos. El vídeo termina durante el entrenamiento contra el lobo lunar, así que adaptaré hasta ese punto y después continuaré la trama con capítulos nuevos, manteniendo los personajes y sus habilidades.
### DARIUS: EL DEMONIO QUE CAMINABA ENTRE HUMANOS
Manga de fantasía oscura · Acción · Magia · Misterio · Aventura medieval
Saga I: El lobo de la luna carmesí
### Prólogo — La noche en que apareció el desconocido
La aldea de Valdoria llevaba siglos sobreviviendo gracias a una barrera mágica que protegía sus murallas de las criaturas del bosque.
Sin embargo, las protecciones no podían mantener alejados a todos los peligros.
Aquella noche, una joven monja llamada Four había salido para completar un ritual de protección destinado a los aldeanos. Su magia curativa era extraordinaria, aunque su experiencia en combate era limitada.
El ritual terminó más tarde de lo previsto.
Cuando emprendió el camino de regreso, la oscuridad había cubierto el bosque.
La luna iluminaba las ramas retorcidas y el viento arrastraba hojas secas sobre el sendero.
Four sujetaba su rosario con ambas manos.
—Solo tengo que regresar a la iglesia… —murmuró—. No debería pasarme nada.
Entonces escuchó un crujido.
Se detuvo.
Otro crujido sonó detrás de ella.
—¿Hola?
No hubo respuesta.
Four aceleró el paso.
De pronto, una figura deforme emergió entre los árboles. Su cuerpo parecía hecho de humo y cicatrices, y sus ojos rojos brillaban con un hambre antinatural.
Un demonio.
Four retrocedió, incapaz de apartar la mirada.
—No… Por favor, no…
La criatura abrió la boca y dejó escapar un gruñido.
La joven intentó invocar su magia, pero sus manos temblaban demasiado.
Entonces, una segunda presencia apareció en el sendero.
Un joven.
Cabello negro con raíces azules que brillaban débilmente bajo la luz lunar. Ojos verdes intensos. Ropa oscura y una expresión tan tranquila que parecía ignorar el peligro.
Four lo miró sin comprender.
—¿Quién… quién eres?
El desconocido no respondió de inmediato.
Observó al demonio.
Después habló con una calma desconcertante.
—Apártate.
La criatura rugió y se lanzó hacia él.
Four cerró los ojos.
Esperó escuchar un golpe.
Pero solo oyó un ruido seco.
CRAC.
Cuando volvió a mirar, el demonio estaba inmóvil.
Todos los huesos de su cuerpo se habían fracturado. La criatura cayó sobre las hojas, incapaz de levantarse.
El desconocido ni siquiera parecía haberse esforzado.
Miró el cuerpo durante un instante.
—Morirá en unos minutos. No puede recuperarse de eso.
Después se volvió hacia la joven.
—Vamos. Apúrate.
Four permaneció inmóvil.
—¿Qué… qué acabas de hacer?
—Caminar.
El joven pasó junto a ella.
—¿Vas a quedarte aquí toda la noche?
Four recogió su rosario y corrió detrás de él.
Todavía no sabía quién era aquel muchacho.
Pero acababa de descubrir que el bosque albergaba cosas mucho más peligrosas que los demonios que conocía.
Y que una de ellas podía caminar a su lado con apariencia humana.
### CAPÍTULO 1 — EL EXTRAÑO DEL BOSQUE
### Página 1. Un acompañante imposible
El sendero hacia Valdoria parecía interminable.
Four caminaba unos pasos detrás del desconocido, procurando no perderlo de vista. Cada vez que las ramas se movían, sus dedos apretaban el rosario.
El joven caminaba como si estuviera dando un paseo.
—¿No tienes miedo? —preguntó Four finalmente.
—¿De qué?
—De los demonios.
—No especialmente.
Four lo miró con incredulidad.
—¡Acabamos de encontrarnos con uno!
—Lo vi.
—¡Y lo derrotaste sin siquiera utilizar un arma!
Darius giró ligeramente la cabeza.
—¿Necesitaba un arma?
Four abrió la boca, pero no encontró una respuesta.
¿Qué clase de persona dice algo así?
Después de varios pasos, el joven se detuvo.
—Por cierto, ¿cómo te llamas?
—Four.
—¿Four?
—Sí.
—Es un nombre peculiar.
La joven bajó ligeramente la mirada.
—Gracias… creo.
Darius continuó caminando.
—Yo soy Darius.
Four repitió el nombre mentalmente.
Darius.
No sabía por qué, pero le parecía que aquel nombre no pertenecía a una persona corriente.
### Página 2. Una monja en apuros
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo Four.
—Ya lo estás haciendo.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—Tan… tranquilo.
Darius la observó de reojo.
—Si te asustas por cada cosa que aparece en el camino, terminarás agotada antes de llegar a casa.
—¡Es fácil decirlo cuando puedes derrotar demonios con tanta facilidad!
—No es cuestión de facilidad. Es cuestión de saber qué tienes delante.
Four guardó silencio.
Aquellas palabras le molestaron un poco porque sabía que contenían algo de verdad.
Ella conocía la magia curativa. Podía cerrar heridas, aliviar enfermedades y purificar algunas maldiciones.
Pero, cuando un enemigo se acercaba, su primera reacción era retroceder.
—Yo solo quiero proteger a las personas —murmuró.
Darius se detuvo.
—Entonces aprende a distinguir entre protegerlas y esperar que nada malo suceda.
Four levantó la mirada.
Por primera vez, él parecía hablar en serio.
—¿Eres un caballero?
—No.
—¿Un mercenario?
—Tampoco.
—¿Un mago?
Darius sonrió apenas.
—Algo parecido.
Four decidió no seguir preguntando.
Todavía.
### Página 3. El rostro detrás de la sombra
La luna quedó despejada cuando ambos alcanzaron un claro.
Four pudo observar mejor a su acompañante.
El cabello de Darius era negro, aunque unas raíces azuladas reflejaban la luz. Sus ojos verdes parecían demasiado brillantes para ser normales.
Había algo extraño en su presencia.
No era solamente su fuerza.
Era la sensación de que el bosque entero guardaba silencio cuando él pasaba.
—Darius…
—¿Qué?
—¿Eres humano?
El joven se detuvo.
Four sintió inmediatamente que había cometido un error.
—Lo siento. No quería ofenderte. Es solo que…
Darius se volvió hacia ella.
Durante un instante, sus ojos parecieron oscurecerse.
—¿Qué te hace pensar que los humanos son los únicos que pueden caminar bajo la luna?
Four sintió frío.
—Yo… no sé.
Él volvió a sonreír.
—Entonces no saques conclusiones tan rápido.
Y continuó caminando.
Four lo siguió, pero ahora mantenía una distancia ligeramente mayor.
No es humano.
No sabía cómo podía estar tan segura.
Solo sabía que su intuición se lo repetía.
### Página 4. La taberna de la última antorcha
Cuando llegaron a la aldea más cercana, las calles estaban casi vacías.
Sin embargo, una taberna seguía abierta.
Su letrero representaba una antorcha encendida y una puerta de madera colgaba de un único soporte.
Darius entró sin vacilar.
Four lo siguió.
El interior estaba lleno de viajeros, comerciantes y algunos guardias que bebían después de una larga jornada.
El olor a madera, comida caliente y cerveza llenaba el lugar.
Darius eligió una mesa apartada.
Four se sentó frente a él.
—¿Una cerveza? —preguntó él.
—No, gracias.
—Entonces pide agua.
Four parpadeó.
—¿Siempre decides lo que hacen los demás?
—Solo cuando tardan demasiado en decidir.
La joven frunció el ceño.
—Eres una persona muy extraña, Darius.
—Eso me han dicho.
Por primera vez desde que había entrado al bosque, Four soltó una pequeña risa.
No sabía si aquel hombre era peligroso.
Pero, de alguna manera, comenzaba a sentirse menos asustada a su lado.
### Página 5. Preguntas sin respuesta
Four bebió un poco de agua.
—¿Adónde vas?
—Todavía no lo he decidido.
—¿Cómo puedes viajar sin tener un destino?
—Es bastante sencillo. Caminas hasta encontrar algo interesante.
—Eso no es un plan.
—Funciona.
Four negó con la cabeza.
—¿Y de dónde vienes?
Darius apoyó un brazo sobre la mesa.
—De lejos.
—Eso tampoco es una respuesta.
—Entonces estamos empatados. Tú tampoco me has contado por qué una monja estaba sola en un bosque lleno de demonios.
Four se quedó callada.
—Estaba realizando un ritual de protección para mi aldea.
—¿Sola?
—Sí.
—Mala decisión.
Four apretó los labios.
—No tenía alternativa.
Darius la observó unos segundos.
—Siempre existe una alternativa. El problema es que a veces todas son malas.
La joven miró su vaso.
—Si no hago el ritual, los demonios pueden llegar hasta las casas. Hay niños, ancianos y personas que no pueden defenderse.
Darius dejó de sonreír.
—¿Y tú crees que morir en el bosque ayudaría a esas personas?
Four levantó la cabeza.
No respondió.
Por primera vez, alguien había señalado con tanta claridad la contradicción que ella intentaba ignorar.
### Página 6. Una advertencia
La conversación fue interrumpida por un anciano que se acercó a su mesa.
—Disculpad. No he podido evitar escucharos.
Darius lo miró sin interés.
—Eso suele ocurrir cuando la gente escucha conversaciones ajenas.
El anciano ignoró el comentario.
—Muchacha, ¿has venido del bosque de Nhal?
Four asintió.
El hombre palideció.
—Entonces deberías abandonar la aldea antes del amanecer.
—¿Por qué?
El anciano miró las ventanas.
—Porque algo ha despertado en las montañas.
Los clientes cercanos dejaron de hablar.
—Los animales están desapareciendo. Los cazadores encuentran huellas demasiado grandes para cualquier criatura conocida. Y anoche, los guardias escucharon una voz procedente de las ruinas.
Four sintió un escalofrío.
—¿Qué voz?
El anciano tragó saliva.
—Una que preguntaba por un hombre de ojos verdes.
El silencio se extendió por la taberna.
Four giró lentamente hacia Darius.
Él seguía sentado, con la misma expresión tranquila.
—Parece que me conocen —dijo.
El anciano retrocedió.
—¿Eres tú?
Darius se levantó.
—Terminé de comer.
Dejó unas monedas sobre la mesa y se dirigió hacia la puerta.
Four corrió detrás de él.
—¡Darius! ¿Qué significa todo esto?
Él no respondió.
Pero, al salir, miró hacia las montañas.
Y sus ojos verdes adquirieron un brillo inquietante.
### CAPÍTULO 2 — EL ENTRENADOR IMPOSIBLE
### Página 7. La mañana siguiente
El sol iluminó el campo de entrenamiento de Valdoria.
Decenas de aprendices practicaban con espadas de madera bajo la supervisión de un entrenador de mediana edad. Era un hombre robusto, con cicatrices en los brazos y una voz capaz de silenciar a cualquier recluta.
—¡Otra vez!
Un joven atacó a su compañero.
Su golpe fue demasiado evidente.
El entrenador negó con la cabeza.
—¡Te he dicho cien veces que no anuncies tus movimientos!
—¡Pero intento golpearlo!
—¡Y por eso mismo te golpea él primero!
El aprendiz retrocedió, respirando con dificultad.
—Es demasiado rápido…
—No es rápido. Es que no estás atacando con intención.
El entrenador se cruzó de brazos.
—Si das un golpe sin pensar, acabarás en el suelo otra vez.
Una chica de cabello castaño dio un paso al frente. Sostenía su espada de madera con ambas manos y mantenía una postura baja, preparada para moverse.
—Yo iré.
El entrenador asintió.
Los aprendices comenzaron a formar un círculo.
En ese momento, una voz llegó desde la entrada del campo.
—Vaya. ¿Esto es el entrenamiento de élite del que tanto hablan?
Todos se volvieron.
Darius estaba apoyado contra una valla.
El entrenador lo miró con desconfianza.
—¿Quién eres tú?
—Darius.
—Eso no responde a mi pregunta.
—Entonces tendrás que hacer una mejor.
Varios aprendices soltaron risas nerviosas.
El entrenador no se rio.
—Si has venido a burlarte de mis alumnos, puedes marcharte.
Darius observó las espadas de madera.
—No he venido a burlarme.
Hizo una pausa.
—Aunque admito que el espectáculo tiene margen de mejora.
### Página 8. La técnica perdida
El entrenador avanzó hacia él.
—¿Crees que puedes hacerlo mejor?
Darius miró a los aprendices.
—Sí.
La respuesta fue tan inmediata que todos guardaron silencio.
—Muy bien —dijo el entrenador—. Toma una espada.
Darius negó con la cabeza.
—No la necesito.
El entrenador soltó una carcajada incrédula.
—¿Vienes a enseñarnos combate sin armas?
—No exactamente.
Darius entró en el círculo.
Un aprendiz se adelantó, sujetando su espada con ambas manos.
—¡Voy a demostrarte que no somos unos inútiles!
Atacó con un golpe horizontal.
Darius movió el cuerpo unos centímetros.
La espada pasó frente a él.
Antes de que el muchacho pudiera reaccionar, Darius tocó suavemente su hombro.
El aprendiz perdió el equilibrio y cayó sentado.
No había recibido un golpe.
Simplemente había perdido el control de su propio movimiento.
Los demás se quedaron inmóviles.
—¿Qué has hecho? —preguntó el entrenador.
—He dejado que terminara su ataque.
—¡Eso no tiene sentido!
Darius miró al muchacho en el suelo.
—Cuando alguien ataca, su cuerpo revela dónde quiere ir. Si aprendes a leerlo, no necesitas ser más rápido. Solo necesitas estar donde él no puede alcanzarte.
El entrenador frunció el ceño.
—¿Quién te enseñó eso?
Por primera vez, la sonrisa de Darius desapareció.
—Mi padre.
### Página 9. El aprendiz que no se rendía
El joven caído se levantó inmediatamente.
—¡Otra vez!
El entrenador intentó detenerlo.
—Basta. Ya has tenido suficiente.
—¡No! Quiero aprender.
Darius lo observó.
—Bien. Atácame.
El muchacho se lanzó hacia delante.
Esta vez intentó cambiar la dirección del golpe a mitad del movimiento.
Darius giró sobre un pie, desvió la espada con dos dedos y colocó una mano sobre la espalda del aprendiz.
El joven cayó de rodillas.
—¿Cómo…?
—Has pensado en golpearme. No has pensado en qué harías si fallabas.
Darius retrocedió.
—Un combate no consiste en acertar un golpe. Consiste en estar preparado para lo que sucede después.
El entrenador se acercó lentamente.
—Esa técnica…
Miró los movimientos de Darius como si intentara reconocer algo olvidado.
—La posición de los pies. El desplazamiento del peso. La manera en que desvías la fuerza…
Darius no dijo nada.
El entrenador palideció ligeramente.
—La técnica del tiempo vacío.
Los aprendices comenzaron a murmurar.
—¿Qué es eso? —preguntó la chica de cabello castaño.
—Una técnica de combate que aparece en antiguos manuales de guerra —respondió el entrenador—. Se suponía que se había perdido hace generaciones.
Miró a Darius.
—¿Quién demonios eres?
Darius sonrió.
—Ya te lo dije. Soy Darius.
### Página 10. La lección de Darius
El entrenador aceptó dejar que Darius impartiera una breve lección.
Darius observó a los aprendices durante unos minutos.
No le gustó lo que vio.
Todos dependían de la fuerza de sus brazos. Sus pies estaban mal colocados, sus hombros permanecían tensos y cada movimiento anunciaba el siguiente.
—Dejad las espadas.
Los aprendices obedecieron a regañadientes.
—Ahora caminad alrededor del círculo.
Comenzaron a caminar.
—Más despacio.
Obedecieron.
—Ahora intentad mantener el equilibrio mientras alguien os empuja.
El ejercicio comenzó con risas.
Duró poco.
Los aprendices descubrieron que incluso un empujón suave podía hacerlos perder la posición.
Darius se acercó a uno de ellos y le corrigió los pies.
—No luches contra el suelo. Utilízalo.
Después se dirigió a otro.
—Relaja los hombros. Si tu cuerpo está rígido, tus movimientos llegan tarde.
El entrenador observaba en silencio.
Darius no les estaba enseñando una colección de ataques espectaculares.
Les enseñaba a controlar el cuerpo, leer la intención y conservar el equilibrio.
—La fuerza sirve de poco si desperdicias cada movimiento —dijo finalmente—. Primero aprende a no perder. Después aprende a ganar.
Desde la entrada del campo, Four había comenzado a observar la clase.
Llevaba una túnica blanca, una pequeña bolsa de hierbas en el cinturón y varias vendas limpias entre las manos.
Al ver a Darius, se detuvo.
¿Qué está haciendo ahora este hombre?
Darius giró la cabeza y la vio.
Sonrió ligeramente.
—Buenos días, hermana.
Four sintió que las mejillas se le calentaban.
—B-buenos días.
El entrenador miró alternativamente a ambos.
—Espera. ¿Os conocéis?
Four asintió.
—Me acompañó anoche de regreso a la aldea.
Darius añadió:
—Y evitó morir en el bosque. Fue una noche productiva.
—¡No lo digas así! —protestó Four.
Los aprendices comenzaron a reír.
Por primera vez aquella mañana, el campo de entrenamiento se llenó de un ambiente menos tenso.
Pero la tranquilidad duraría poco.
### Página 11. La sanadora de los aprendices
El entrenador se acercó a Four.
—Ya que estás aquí, podrías revisar a estos inútiles antes de que se rompan algo más.
—No son inútiles —respondió ella—. Solo necesitan práctica.
—Eso es exactamente lo que diría una sanadora después de recogerlos del suelo durante tres horas.
Four suspiró.
—La última vez, uno de ellos se lesionó porque intentó levantar una espada que pesaba más que él.
—¡Era una espada de entrenamiento! —protestó el aprendiz.
—Y aun así terminaste en una camilla.
Las carcajadas se extendieron por el campo.
Darius se acercó a Four.
—Así que eres la responsable de mantenerlos enteros.
—Alguien tiene que hacerlo.
—Entonces tienes el trabajo más difícil de esta aldea.
Four lo miró, sorprendida.
—¿Lo dices en serio?
—He visto cómo se mueven. Dentro de poco necesitarás una segunda bolsa de vendas.
El entrenador soltó un suspiro.
—Me arrepiento de haberlo dejado entrar.
Four no pudo evitar reírse.
Darius la observó durante un instante.
Había algo tranquilizador en aquella risa. Algo que contrastaba con la tensión que había percibido en el bosque.
Pero su expresión cambió cuando sintió una presencia detrás de la empalizada.
Alguien los estaba observando.
Y aquella persona sabía ocultar muy bien su energía.
### Página 12. El visitante encapuchado
Mientras Darius corregía la postura de un aprendiz, una figura encapuchada apareció junto a la entrada.
No llevaba los colores de la guardia ni los distintivos de ningún gremio conocido.
El entrenador se volvió.
—¿Quién eres? Este lugar no está abierto al público.
La figura no respondió.
Darius dejó de hablar.
Sus ojos verdes se fijaron en la desconocida.
—Qué curioso —murmuró.
Four siguió su mirada.
—¿La conoces?
—No.
La figura intentó alejarse.
Darius apareció delante de ella antes de que pudiera dar tres pasos.
Le sujetó la muñeca.
—¿Adónde vas?
La encapuchada se tensó e intentó soltarse.
Darius mantuvo el agarre sin esfuerzo.
—No es asunto tuyo —respondió una voz distorsionada bajo la tela.
—Si observas un campo de entrenamiento desde las sombras, normalmente pasa a ser asunto mío.
El entrenador se acercó.
—¡Suelta a esa persona!
Darius no apartó los ojos de la desconocida.
—Primero quiero saber por qué estaba vigilándonos.
La figura giró la cabeza hacia Four.
Durante una fracción de segundo, sus ojos brillaron bajo la capucha.
Darius lo notó.
Y su expresión se volvió mucho más seria.
### Página 13. La mujer infiltrada
—Quítate la capucha —ordenó Darius.
—No.
—No era una pregunta.
La desconocida intentó golpearlo con la mano libre.
Darius giró la muñeca, desvió el ataque y la hizo perder el equilibrio. La capucha cayó al suelo.
Era una mujer joven, de cabello oscuro recogido en una trenza y una cicatriz fina junto a la ceja.
Llevaba una armadura ligera escondida debajo de una capa de viaje.
El entrenador abrió los ojos.
—¿Una mujer? ¿Y te has infiltrado en el campo de entrenamiento?
La desconocida miró a Darius con rabia.
—Suéltame.
—Cuando respondas.
—No tengo nada que decirte.
Darius la levantó ligeramente del suelo al sujetarla por el brazo y después la dejó caer de pie, manteniendo el control de su muñeca.
—Tienes tres segundos para decidir si quieres hablar por las buenas.
—¿Y si no?
Darius inclinó la cabeza.
—Entonces seguirás perdiendo tiempo.
La mujer apretó los dientes.
Four dio un paso adelante.
—Darius, quizá deberíamos escucharla.
Él la miró de reojo.
—¿Por qué?
—Porque todavía no sabemos si representa una amenaza.
Darius guardó silencio unos segundos.
Después soltó a la desconocida.
—Habla.
La mujer se acomodó la capa.
—Me llamo Seris. Y estoy buscando a alguien.
Darius cruzó los brazos.
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